–¿Qué te pareció tu primer día de trabajo?

–Pues me gustó, pero trabajar ya de lleno en una institución psiquiátrica, realmente no es cosa fácil.

–Me imagino. Hay gente que tiene sangre para esas cosas, otros somos muy sacatones.

–Mi primer paciente me dejó muy impresionada, igual porque fue el primero y a lo mejor eso cuenta, pero me impactó su historia.

–¿Está muy loquito?

–Más que eso, no se puede hacer nada por él. Es un señor ya mayor, como de 65 años, todavía fuerte el hombre, pero tiene una gran tristeza en la mirada. Es educado y si lo ves, no notas que tenga algún problema de este tipo.

Resulta que en la mañana del 18 de septiembre de 1985, decidió dejar a su familia, a su esposa y sus hijos. Así de pronto se lo dijo a ella, que se quedó en shock, porque al parecer era un matrimonio armonioso, los dos trabajaban y los dos se involucraban mucho en la educación de los hijos. Bueno, la cosa es que él se fue a casa de algún familiar o no sé a dónde.

Lo que nadie esperaba es que al otro día temblara tan fuerte en la ciudad, la familia vivía cerca de donde ahora está Parque Delta, ya te imaginarás lo que tuvieron que vivir. Cuando empezó el temblor el pobre hombre salió de la casa en donde estaba y nunca se imaginó la destrucción que vio por todas partes. Ya había dejado de temblar en la tierra, pero en su cuerpo no, estaba fuera de sí. Corrió como tantos otros que se encontraban ya en la calle y con la misma angustia de no saber qué hacer.

Cuando llegó a la casa de su familia, dice que los encontró bien, muy asustados pero bien, con mucha destrucción alrededor de la zona, pero su edificio estaba razonablemente bien. Los abrazó y no dijo más, siguió con su vida “normal”, ayudando al rescate de algunas personas.

Pasaron los días y él no podía separarse de ese montón de escombros, no comía ni dormía, platicaba con su esposa y jugaba con sus hijos. Los que lo conocían no se atrevían a decirle que ellos ya no estaban, que habían quedado sepultados bajo varias toneladas de cemento y fierros que fue lo que quedó de su edificio.

–¡Ay qué horror! ¿Y cómo es que llegó al psiquiátrico?

–Pues dice que su esposa los tiene ahí para cuidarlos y que no les pase nada si tiembla, que ella escogió ese refugio. Llora mucho, pero en las mañanas y después de la comida se pone a platicar y jugar con sus niños.

Es muy rápido para terminar de leer su expediente y platicar con él. Pero creo que no es el único caso que tenemos ahí de gente que quedó desquiciada después de ese día.

–¡Pobre hombre, pero tienes razón, no fue poca cosa ese terremoto, ya ves hasta la fecha el miedo que nos cargamos! Yo también a veces pienso que si no nos habremos muerto todos ese día y que alguien nos imagina como este señor a su familia. ¡Ojalá que también haya quien nos cuide a nosotros como lo cuidan a él!

*Imagen: Archivo El Universal

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

3 comments
  1. Valeria says:

    Que fuerte. Sentí tristeza y recordé muchas cosas que no me gustan, pero creo que siempre viviré con eso.

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