No sólo se despierta en un cuarto desconocido sino que lo hace por el sonido de sus dos teléfonos. Las primeras notas de su iPhone las incorpora a su sueño como si se tratara de una agradable melodía; las segundas –de su BB-, lo hacen despertar. Ambas llamadas perdidas son de su exmujer, quien en varios mensajes de voz le dice algo respecto a que ya es tarde y que ha incumplido nuevamente con su palabra.

Siente su brazo izquierdo dormido y se da cuenta que tiene a Mara a medio vestir entre sus brazos. Sus ojos están secos, como si hubiese caminado por el desierto durante horas. Tiene los lentes de contacto pegados y le cuesta trabajo enfocar los senos descubiertos de su compañera de trabajo mientras escucha a Briones roncar.

Mara se despierta y comienza a vestirse sin pudor alguno como si él la hubiese visto demasiadas veces ya sin ropa. Briones sigue durmiendo sin sospechar siquiera que las ocho de la mañana también son bastante tarde para ella, quien a pesar de su actitud de femme fatale sigue siendo una “hija de familia”.

Él comienza a hacer un recuento de esa noche de celebraciones y recuerda que perdió una cámara de la empresa, varios pases de entrada a la exposición y una caja de vino tinto que debía haber sido enviada a un directivo de Janus y asociados. A su memoria llegan también algunas pláticas que sabe que no debió tener, la visión de un sillón dentro de su stand que perdió uno de los brazos, un par de números telefónicos de edecanes a las que quizá llame un día que esté aburrido y la placentera sensación de haber sobrepasado su meta de ventas por más del 60 por ciento.

Mientras se abotona la camisa, descubre a Mara viéndolo reflejado en uno de los grandes espejos de ese cuarto de motel. Ambos saben en ese momento y sin decir palabra que juntos despertarán a ese empleado de recién ingreso y que no saldrán de esa habitación hasta haber saciado ese deseo no consumado gracias a varias botellas de alcohol.

 

Algunos años más tarde, tras recibir una ETS de una de las edecanes de esa noche, de cambiar un par de veces de trabajo, de hacerse amigo del director de Janus y asociados que nunca recibió su caja de vino y de regresar con su exmujer, se sorprendió llegando sin acompañante a la boda de Mara y Briones, una pareja que se conoció una mañana de invierno en un motel de la salida a Cuernavaca y que aprendió bien que algunas veces no hay discordia entre terceros.

about Andrade

Ciudad de México, mediados de los años 70, hijo de padres demasiado jóvenes y nieto de abuelos lectores. Primero fue la tela, después el plástico y rápidamente el papel, el grafito y la tinta. Mi crisis de los 40 me está llevando a los seductores terrenos de la ficción. Estos textos son parte de ese viaje.

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