La China era una muchacha muy guapa que llegó con su familia a vivir a Santa Cruz y pronto pusieron una cantina, negocio que rápidamente prosperó y por las tardes era muy concurrido por los cansados trabajadores del campo, que después de la dura jornada iban a pasar un rato con los amigos.

Uno de los asiduos clientes era Chanito, el presidente municipal de ese pequeño pueblito y que además era una persona muy estimada por los pobladores, quienes le tenían un poco de lástima porque su esposa era una loca de atar que se la pasaba todo el día entre chismes y presumiendo de sus influencias con el gobernador.

La simpatía natural de la China hizo que Chanito y ella se hicieran muy buenos amigos, algunos dicen que más que amigos. Se hizo tan estrecha la relación entre ellos, que ella siempre decía “donde muera Chanito, ahí muero yo”, dicho que le festejaban los alegres amigos pero que nadie creía.

Pasaron los años y una mañana repentinamente murió Chanito y como las noticias vuelan, pronto llegó a oídos de la China el suceso que tenía conmocionada a la gente.

Dicen que llegó hecha un mar de lágrimas y se arrodilló a los pies de la cama en donde estaba tendido Chanito, repitió su dicho tan famoso de “donde muera Chanito, ahí muero yo” y cayó como fulminada en el piso de la recámara.

La esposa de Chanito tuvo que hacer de tripas corazón cuando la gente decidió enterrarlos juntos. Los hombres comentaban que la China tenía más pantalones que cualquiera de ellos por haber cumplido tan cabalmente su palabra.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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