Está recostado sobre un viejo sillón de piel sintética color marrón. El cuarto está en penumbras. La poca luz que hay, entra por las rendijas de una persiana. El aire está viciado. Una mezcla de sudor rancio y orina parecen impregnar cada rincón. Hay un calor sofocante ahí dentro. Me dice que pase y cierre la puerta, que trate de no hacer mucho ruido.

Al entrar a su habitación, le da una bocanada a su cigarro y trata de darle un sorbo a un vaso que ya está vacío. Cuando se da cuenta, me pide que meta la mano entre la cama y la cabecera y saque una bolsa de plástico negra que tiene guardada ahí. De ella saca una botella de ron con la que llena su vaso del que ahora consigue beber.

Nunca antes lo había visto salvo en un par de fotos de los años 70. Su rostro es el mismo pero la profunda arruga entre sus ojos, el tabique desviado, su bigote mal recortado y su mirada perdida hacen que prácticamente me sea irreconocible.

Es un hombre acabado que lleva dos semanas internado en la torre de especialidades de esa Central Médica esperando los resultados de un examen y queriendo hacer las paces con su propia vida.

− ¿Qué piensas de tu padre? −me pregunta mientras me esfuerzo en encontrar qué decirle a ese extraño que se parece tanto a mí.

about Andrade

Ciudad de México, mediados de los años 70, hijo de padres demasiado jóvenes y nieto de abuelos lectores. Primero fue la tela, después el plástico y rápidamente el papel, el grafito y la tinta. Mi crisis de los 40 me está llevando a los seductores terrenos de la ficción. Estos textos son parte de ese viaje.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

You may use these HTML tags and attributes:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>