Los antiguos griegos amaban el teatro, cada año esperaban con entusiasmo las Grandes Dionisíacas: fiestas en honor a Dionisos en las que se llevaban a cabo competencias teatrales que duraban varios días. El primer género en surgir fue la tragedia, cada dramaturgo participaba con una tetralogía que constaba de tres tragedias y un drama satírico; después se agregó la comedia. Fueron muchas las obras y muchos los autores, sin embargo, a nosotros han llegado  completas sólo algunas, la mayoría tragedias, de Sófocles (7), de Esquilo (7), de Eurípides (18 y un drama satírico), frente a 11 comedias de Aristófanes y solamente 1 completa de Menandro, pues, aunque se conservan otras de este autor, a  todas les faltan fragmentos.

¿A qué se debe esto? Si pensamos que un factor para la conservación de las obras es la demanda (se copiaban más los textos que más populares eran), entonces debemos decir que en la antigüedad gozaban de más popularidad las historias terribles en las que los padres morían a manos de sus propios hijos o los héroes eran atormentados por seres sobrenaturales y las venganzas que planeaban las víctimas de una decepción amorosa o de una afrenta contra el orgullo incluían sufrimientos mucho peores que la muerte. Hasta en la obra de Aristóteles se ve dicha preferencia, pues, en su Poética, explica ampliamente las características de la tragedia, mientras que a la comedia apenas la menciona.

Pero es también el mismo Aristóteles quien nos da pistas de por qué sucede esto: la respuesta está en la catarsis. Todos alguna vez hemos escuchado la frase “hizo catarsis”, ¿pero qué quiere decir exactamente esa palabra? En términos médicos, puede definirse como la expulsión del organismo de una sustancia nociva (de forma natural o por medio de purgantes o lavado gástrico), pero, evidentemente, Aristóteles no la usa en ese sentido, aunque sí implica un proceso de limpieza espiritual; en palabras de García Yebra: “Así como se purgan los humores del cuerpo para evitar o curar enfermedades, también se purgan las pasiones o las afecciones del alma para curarlas de sus dolencias”.[1] Y es esta concepción a la que más se acerca la idea popular de “hacer catarsis”, es decir, es la manifestación de las emociones reprimidas que permiten la liberación de sentimientos negativos. En psicología, figuras tan destacadas como Josef Breuer, Sigmund Freud y Pierre Janet investigaron sobre el tema y establecieron sus propios métodos para inducir a sus pacientes a la catarsis, los dos primeros mediante la hipnosis y Janet por medio de la sugestión.

En este sentido, para Roland Barthes, en el cine se conjuntan varios elementos que predisponen al espectador a un estado de semihipnosis propio para alcanzar la catarsis.

…se va al cine partiendo de un ocio, de una disponibilidad, de una vocación. Todo sucede como si, incluso antes de entrar en la sala, las condiciones clásicas de la hipnosis estuvieran reunidas: vacío, ociosidad, desempleo: no es delante de la película y por la película que se sueña; es,  sin saberlo, incluso antes de convertirse en espectador. Hay una “situación de cine”, y esta situación es pre-hipnótica. Siguiendo una metonimia verdadera, la oscuridad de la sala está prefigurada por la “ensoñación crepuscular” (previa a la hipnosis, según Breuer-Freud)…[2]

Así, al estar frente a la representación de hechos terribles que suceden alrededor de personajes con los que hemos generado empatía, con quienes hemos logrado una identificación, los acompañamos y creamos expectativas acerca de su destino, esto hace emerger nuestras emociones y pasiones más ocultas y, al hacerse manifiestas y ser liberadas, podemos pasar a un estado de tranquilidad porque, como dice la sabiduría popular: “después de la tormenta, viene la calma”.

No es extraño entonces que en la actualidad el género de terror goce de tantos seguidores, pues tal como en la Antigua Grecia ocurriera con Sófocles, Esquilo y Eurípides, directores como Tod Browning, Alfred Hitchcock, George A. Romero, Dario Argento y Wes Craven, entre otros, han sabido utilizar de manera magistral las herramientas que les brinda el séptimo arte para explorar nuestras pasiones más profundas, aquellas de las que incluso nosotros mismos muchas veces no somos conscientes. ¿Por qué entonces todos nos preocupamos cuando el auto de la víctima de Norman Bates no se termina de hundir y éste está en peligro de ser descubierto?, esto, en definitiva, nos permite llegar a ese estado de catarsis una vez que ha llegado el desenlace de la historia.

Para cuando llega este punto, ya hemos pasado por una montaña rusa de emociones que nos han hecho gritar, contener la respiración, cerrar los ojos o abrirlos más de lo normal, estrujar las manos de nuestro compañero, etcétera. No se puede permanecer impasible ante una buena película de terror, pero es paradójico cómo todo ese aparente sufrimiento hace salir a la gente de la sala de cine con sonrisas. Ésa es la imagen de la catarsis terrorífica, la que los amantes de este género compartimos y disfrutamos, por eso, igual que los griegos, esperamos año con año el paso de octubre a noviembre para atiborrarnos de emociones fuertes en la oscuridad de una habitación sin importar que, igual que ellos, sepamos de antemano lo que va a suceder (todos sabían que Edipo mataría a su padre y tendría hijos con su madre), pues lo importante no es qué va a ocurrir con cada personaje sino cómo se va a desarrollar esa serie de eventos desastrosos que nos llevarán al final, pues es precisamente eso lo que nos conducirá a la liberación catártica.

[1] Valentín García Yebra, “Introducción a la Poética”, Poética, Madrid: Gredos, 1992. p.382.

[2] Roland Barthes (1986). “Saliendo del cine”, Cuadernos de cine, no. 7, Madrid, Gobierno de España, 1986, p.66.

about Rita Cerezo

Tonalá Chiapas (sine data). Afortunadamente me topé con los mitos antes que con los cuentos de princesas, y con Poe antes que con Corín Tellado; eso me llevó a aprender Latín, Griego y tratar de ganar almas para los dioses olímpicos entre los desorientados adolescentes de la UNAM. Lo de escribir fue un vicio que empezó muy temprano, actualmente estoy en tratamiento en un grupo de apoyo, no para dejarlo -ya vi que es imposible-, sino para degustarlo mejor.

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